lunes, 13 de mayo de 2013

Qué enseñar y cómo aprender


  
  En esta entrada voy ha hablar de la metodología. En muchas entradas he nombrado la metodología como un ámbito que debe cambiar, ya que se encuentra anclada en el pasado. Creo que es un gran artículo que refleja muy bien la realidad y con el que estoy totalmente de acuerdo porque refleja muchas de mis ideas sobre el cambio que debe sufrir la escuela.

   Lo que pasa en la escuelas de hoy es que en el aula se están empezando ha incorporar las nuevas tecnologías pero se les da el mismo uso que antes, es decir, las clases tienen elementos de este siglo pero el uso sigue siendo el de siempre. Como muy bien dice el autor:
 
  Las tecnologías aplicables al aprendizaje han entrado en clase de una forma tan superficial e inconsistente que aún no han aportado casi nada a la manera de aprender.
 
  Lo importante no son los aparatos, es la formación; lo importante no es la tecnología, sino hasta qué punto se incorpora con eficiencia a la manera de aprender del destinatario. Eso es lo importante: centrarse en mejorar la manera de aprender, no comprar aparatitos que se usan sin criterio (si se usan)
 
   La realidad es que los instrumentos no se están utilizando como herramientas de cambio sino que se sigue con los métodos memorísticos, con los libros de texto y temario prefijado, con el protagonismo del profesor, etc. Estos elementos y algunos más los nombra en el siguiente fragmento Carlos Arroyo, son elementos en los que debe cambiar la escuela:
 
  En una lluvia desordenada de ideas, y con los matices que se desee, un enfoque centrado en la enseñanza suele dar más importancia al temario establecido que a atender a las peculiaridades, necesidades o curiosidades de los estudiantes; a lo que el profesor conoce, más que a lo que el estudiante necesita; al procedimiento establecido, más que a las dinámicas vivas del aula; a la teoría, más que a la práctica; a la exposición magistral, más que al trabajo colaborativo de los estudiantes; al dictado del profesor, más que a la presentación de trabajos; a la información literal, más que a estimular la singularidad creativa; al examen como único instrumento de evaluación, más que a la evaluación continua (real, no ficticia); al estudio individual, más que a los trabajos especiales como forma monitorizada de descubrimiento y aprendizaje; a la ciencia en el aula, más que a la ciencia en el laboratorio; al libro de texto, más que a los recursos tecnológicos coherentes y eficaces; al libro único, más que al entrenamiento en el manejo de documentación complementaria; al alumno promedio alto, más que al refuerzo (si fuera posible) de alumnos con ligeros déficits; a las calificaciones, más que a las notas con propuestas directamente orientadas a la mejora, y, lo más relevante en mi opinión: al aprendizaje memorístico, más que al aprendizaje significativo.
 
  Por ultimo añadir que la enseñanza debe estar orientada al aprendizaje del alumno/a donde el sea el protagonista y se cumplan sus intereses. La escuela debe ser un lugar que prepare al alumno/a para un futuro.

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